viernes, abril 01, 2005

¿Y de qué hablará sino una impostura de Baco?

24:48 a. m., en la concavidad de un momento entre flexiones abro el diccionario apareciéndo justamente la palabra clave de este retal: Dionisio, Dionisos... dionisíaco, y hablar de la absoluta casualidad de la convergencia entre mis prospecciones mnémicas y la página revelada daría oportunidad a la suspicacia con respecto a tal acontecimiento. No!, no daré alimento a esa situación, todo quedará así, como preestablecido de antemano arrastrándome tal momento a la urgencia de plasmar las intuiciones contextuales de lo dionisíaco en mi circunstancia. Las pienso con mucho atropello, flexiones no dejan suavizar el afluente del pensamiento; entonces, atropellemos el orden esforzado con la exactitud necesitada; monstruo indeseable, pero a todas luces imposible de evitar:
Un buen Dionisos nunca calmará ni establecerá hábito en sus costumbres, porque alaba el momento crítico que precisa todo acto de creación, y todo momento crítico emana de la manifestación cuasisísmica de un sentimiento en colisión con la arquitectura mental laborada en el tiempo, la que sostiene una personalidad cabal, cotidiana, rectilínea, social, civilizada. Inflingirse dolor es la suma causa de la búsqueda del placer absoluto en este trasiego cíclico post-uterino que es la existencia ( ¿alguien con un poco de piedad encuentra límites a la representación de esta palabra?)e esta especie. Y Dionisos define su placer sintiéndo el apoteósico dolor de su festival de autodestrucción, la más carnal simbología de la experiencia más cercana a la divinidad a que puede acceder Hombre: nacimiento-muerte, creación-destrucción, forma-caos, dolor-placer, éxtasis del universo en la mundanal fiesta muy a la griega a la que nos invita con sus mujeres, laúdes y faunos. ¿Y qué siembra esta tierra ávida de tantos excesos?: el hecho, factum, el efecto, la catarsis, el símbolo, la imagen, La Representación, ese coqueto y denso velo colocado para llevar a esa criatura llamada realidad por todos los parajes y necesidades que precise el mundo de la mano del la complejidad que inventan los sentidos para la naturaleza que moldea sus semblanzas todo ello, siéndo parte procesual del gran trauma del Hombre, el desapego, iniciado con el arranquee violento de nuestra madre, después de nuestra familia, de las personas que llegamos a soportar, y finalmente de la vida, con la llegada de la muerte, todo ello revestido con los laureles del buen celebrador Dionisos a quién agradecidos estamos por dejarnos beber de este vino. Ya hablaremos...

1 Comments:

Anonymous euridice said...

Cuando hablemos debemos tener lista esa copa entre los dos, y beber y beber hasta saciar nuestra sed de 'realidad photoshopeada'...

Qué de recuerdos me has traido con el tema de Dionisos [¿recuerdas al Laocoonte?, arduo trabajo].

Espero seguir leyéndote, Baco, pues tu presencia me hace bien.

1beso de caramelo de café*

9:55 AM  

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